• Diario Digital | lunes, 08 de agosto de 2022
  • Actualizado 10:09

Política - Reportaje especial (Primera entrega)

La izquierda ya no existe

“Los socialdemócratas capitularon al aceptar que no hay más alternativa a la globalización neoliberal. Entonces lo que hacer al llegar al poder es un poquito más de redistribución de la renta, pero sin poner en cuestión el centro de la hegemonía neoliberal”: Pablo Iglesias, líder del partido español Podemos.

Pablo Iglesias_1
Pablo Iglesias, líder del partido Podemos. ¿El próximo presidente español desde la izquierda? (Foto: AFP).
La izquierda ya no existe

El hombre accedió por fin a quitarse el piercin que desde adolescente llevó incrustado en una de sus cejas, pero se negó en redondo a cortarse la melena tan larga que le cae debajo de los hombros y que suele recogerse en una coleta. No usa saco ni corbata, y normalmente va de jeans, camisa arremangada y zapatillas informales.

Tiene 38 años de edad y luego de pasar por varias universidades europeas y estadounidenses, siempre en calidad de becario pues proviene de una modesta familia del muy popular barrio madrileño de Vallecas, se graduó con las más altas notas en un doble doctorado, ciencias jurídicas y ciencias políticas. Es profesor de la Universidad Complutense de Madrid y hay quien cree que puede ser el próximo presidente de España, pues es el número uno de la que por ahora, según las encuestas, es la segunda fuerza política en ese país. 

Se llama Pablo Iglesias.  

Desde finales de los años 70, cuando se pasó de la dictadura franquista a la transición democrática, España ha sido gobernada alternativamente por el Partido SocialistaObrero Español, socialdemócrata, y por el Partido Popular, de derecha. Los comunista, coaligados con otras agrupaciones más o menos radicales en Izquierda Unida, nunca pasaron de ser una minoría totalmente huérfana de cualquier perspectiva de poder, moviéndose entre el 5 y el 10 por ciento del respaldo electoral.

Con el tiempo, el PSOE y el PP terminaron por ser políticamente indistintos en el plano estratégico, apenas diferenciables por leves matices y énfasis retóricos, o por un par de puntos del PIB de diferencia en más o menos gasto social. 

No se trata solo de que dirigentes y altos funcionarios de ambos partidos se han visto involucrados con cada vez mayor frecuencia en escandalosos casos de abuso de poder y de corrupción,  sino de que apuestan de manera abierta por un mismo modelo de gestión gubernamental neoliberal.

Ese modelo, luego de provocar una fugaz ilusión de progreso mediante una burbuja de crecimiento económico basado en las privatizaciones  y la máxima liberalización del mercado, ha hundido a España en una crisis marcada por el exorbitante aumento de la deuda externa a más del 100% del PIB, pérdida de poder adquisitivo en los sectores medios y bajos, precarización de las condiciones laborales, desempleo y recortes del subsidio por paro y, en suma, drástica disminución de la inversión estatal en todos los programas sociales.

Dos factores agravaron la crisis y el estallido de la indignación social. Cuando algunos de los grandes bancos privados quebraron por su propia mala administración, el PSOE y el PP acordaron rescatarlos con dinero público, al tiempo que también consensuaron que el pago del servicio de la deuda externa estuviera por encima de cualquier otra prioridad nacional. Para cumplir esos objetivos fue preciso imponer un programa de austeridad que profundizó aún más el recorte de la inversión social.

Acorraladas por la crisis, un creciente número de familias españolas no pudieron pagar puntualmente sus hipotecas y en consecuencia los bancos acreedores las desalojaron mediante la fuerza policial de sus casas, lanzándolas sin más a la intemperie de la calle. Esa fue la gota que derramó el vaso. De la protesta inusualmente multitudinaria contra ambos partidos surgió espontáneamente  en 2011 el movimiento ciudadano de Los Indignados.
 
Y de ese movimiento, sin que nadie lo previera, nació a principios de 2014 el partido Podemos que, retomando la plataforma reivindicativa de Los Indignados, y bajo el liderazgo carismático de Pablo Iglesias, en solo cuatro meses de existencia ganó para sorpresa de todos cinco escaños en el parlamento europeo, y pocos meses más tarde quince curules en el gobierno autonómico de Andalucía.

Poco más de un año después, Podemos gobierna ahora las alcaldías de las principales ciudades españolas, incluyendo Madrid y Barcelona. En las dos últimas elecciones generales, diciembre de 2015 y junio de 2016, Podemos quedó tercero pero por muy pocos puntos debajo del PSEE. Sin embargo ahora, luego de una especie de suicidio político del PESOE, Podemos se ha instalado en solo dos años de existencia como segunda fuerza política española y, a partir de una muy previsible e inminente crisis interna del PP y su gobierno, con claras perspectivas de ganar las próximas elecciones generales.

¿Pero cómo se explica ese vertiginoso recorrido de éxito de un partido emergente? Claro, fundamentalmente se explica a partir de un programa y de una estrategia, y ambos factores, en el caso de Podemos, están relacionados con el tema central de este reportaje. El punto queda claro en un debate televisivo entre Pablo Iglesias y la politóloga Chantal Mouffe, de la Universidad inglessa de Westminster, realizado en octubre de 2015.

La doctora Mouffe ha planteó hace 30 años en varios libros la necesidad de impulsar una radicalización del modelo democrático occidental: “En aquél momento no proponía una ruptura revolucionaria que implicara el paso de una democracia pluralista a una democracia radical, no, se trataba de una transformación de las instituciones dentro de la democracia pluralista, en suma: una radicalización de la socialdemocracia”, explica ella misma en aquél debate, pero agrega:

“Pero hace 30 años había una hegemonía socialdemócrata en Europa, y ahora hay unan hegemonía neoliberal. Ahora la izquierda se ve obligada a defender los logros de la socialdemocracia. El modelo occidental democrático es la articulación de dos tradiciones: la liberal de los derechos civiles y las libertades individuales, más de derecha, y la de soberanía popular e igualdad, más de izquierda. Pero el neoliberalismo elimina la parte de la soberanía popular y la igualdad. Esto nos obliga  a recuperar primero los fundamentos de la socialdemocracia para después radicalizarlos”.

Y concluye la doctora Mouffe:

“Los socialdemócratas capitularon al aceptar que no hay más alternativa a la globalización neoliberal. Entonces lo que hacer al llegar al poder es un poquito más de redistribución de la renta, pero sin poner en cuestión el centro de la hegemonía neoliberal”.

En ese momento del debate, Pablo Iglesias dice lo siguiente, que explica el programa y la estrategia de Podemos:

"Yo soy de izquierda, pero cuando hablo de lo que representa Podemos digo no, las nociones de izquierda y derecha son metáforas que presentan un tablero de juego político en el que siempre gana la banca. Nosotros entendemos que para definir los campos políticos hay mociones que nos acercan mucho más a la posibilidad del cambio, como las nociones de arriba y abajo. El enemigo quiere llamarnos izquierda, pero no nos dejarnos definir por el enemigo. Queremos construir una mayoría social que puede provocar el cambio progresistas independientemente de las banderas, los colores y los carnets de la izquierda”. 

Así de claro. O aún más claro lo dice el número tres de Podemos, el también politólogo de la Complutense Juan Carlos Monedero, cuando afirma en sus libros: “El eje izquierda-derecha ya no funciona, sencillamente porque ya no hay izquierda”

¿Pero qué pasa en El Salvador?

Como ya hemos visto, la pregunta sobre si aún existe la izquierda en El Salvador y en el mundo no es gratuita. Tampoco es el resultado de una reflexión tardía derivada de la disolución de la Unión Soviética y el colapso del campo socialista. Se trata más bien de una hipótesis elaborada desde diversos centros de la ciencia política contemporánea.

Según esa idea la izquierda mundial habría sufrido su derrota estratégica ya en la primera mitad de los años 70. 

En este reportaje me propongo dar cuenta del origen, el desarrollo y los enfoques particulares de algunos de los constructores principales de dicha hipótesis, pero no solo en el plano teórico sino, sobre todo, en el de la incidencia práctica que esta idea tiene en la lucha internacional entre quienes apuestan por un cambio político en sentido progresista y quienes defienden la continuidad de un orden basado en la globalización neoliberal. 

Esta tarea no es sencilla aunque sí es imprescindible para  comprender la situación política, social y económica de nuestro propio país. Para ilustrar la complejidad de la construcción de este relato se me ocurre citar, a manera de ejemplo, la célebre respuesta que don Miguel de Unamuno dio a un periodista que le preguntó si él creía que Dios existía. La respuesta de don Miguel fue la siguiente: “Dígame que entiende usted por creer, por existir y por Dios, y entonces le contestaré”. 

El punto es que para comprender cuestiones de naturaleza compleja, como lo son las batallas ideológicas y políticas, es preciso definir con rigor los conceptos que se utilizan. En el caso de este relato, los conceptos fundamentales, aunque no los únicos, son izquierda y neoliberalismo. 

También debo adelantar que, en ocasiones, para entender el ahora y el aquí se impone revisar el antes y el afuera, es decir el contexto histórico e internacional de lo que nos ocurre puntualmente a nosotros. 

Por esa razón, en esta primera entrega he comenzado por relatar un episodio político de la vida española, que si bien ha ocurrido recientemente hunde sus raíces en un debate histórico sobre la izquierda, mismo que arranca desde la revolución francesa de 1789.

Próxima entrega: ¿Qué era la izquierda?

Comentarios