• Diario Digital | martes, 31 de marzo de 2020
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José, el taxista que viaja cada 8 días con su nieta desde Honduras al Bloom por tratamiento

El catracho le contó a El Salvador Times parte de su travesía.

 

El taxi de José es la principal herramienta para suplir cada necesidad. Fotos Mauricio Pineda.
El taxi de José es la principal herramienta para suplir cada necesidad. Fotos Mauricio Pineda.
José, el taxista que viaja cada 8 días con su nieta desde Honduras al Bloom por tratamiento

José Ramírez es un taxista nacido en Honduras, pero que también tiene raíces en El Salvador; y aunque reside en el vecino país, el estado de salud de su nieta lo ha llevado a que cada ocho días tengan que presentarse al Hospital de Niños Benjamín Bloom para control de la menor.

Ramírez conversó con El Salvador Times algunas implicaciones que pasan cada vez que desde Honduras preparan el viaje para venir a El Salvador por el tratamiento de su nieta de 11 años.

“Soy el abuelo de ella, y en vista de que mi hijo no puedo venir lo hago yo; uno por la familia hace cualquier cosa”, dice respecto a las motivaciones que lo llevaron a disponer de su tiempo y taxi para acompañar la menor y su madre.

¿Cómo se preparan cada vez que tienen consulta en el Bloom?, se le preguntó.

“Uno ya más o menos tiene planificado cuando es cita, uno ya sabe que tal día y hora es la cita. Cuando toca la cita a las siete de la mañana a las dos y media de la madrugada estoy listo para venirme y salgo a las tres de la madrugada de allá para estar acá a las seis de la mañana, ya a las 7 están ellos haciendo fila”, explicó.

Pero, ¿por qué venir hasta El Salvador?

Taxista hondureño 6“Hay varias cuestiones que lo motivan a uno venir aquí, para empezar hay más especialistas, la medicina que dan es mejor y atienden bien a los pacientes que vienen de allá”, expuso.

“La otra cuestión es que sale más cómodo, ya ve que uno viene a pasar consulta y no le andan cobrando por los medicamentos; pero es como todo, si ponen algunas bolsitas de sangre claro uno tiene que ser donante, pero eso así tiene que ser para reponer lo que sacan del banco de sangre”, dijo.

Ramírez y su familia son residentes en Ocotepeque, ciudad fronteriza con El Salvador, y cada vez que vienen al Hospital Bloom tienen que recorrer un estimado de 100 kilómetros que les toma entre una hora y 40 minutos a dos horas y media.

Sin embargo, la distancia es muchísimo mayor si optan por llevar a la menor a un centro hospitalario en Tegucigalpa, capital hondureña, donde el recorrido es de hasta 11 horas.

Este taxista hondureño dice que, además de la cercanía, conviene venir a El Salvador por otras razones.

“A diferencia de Honduras hay bastantes cosas aquí, casi en todo nos favorece El Salvador, bueno con decir que hasta para echar combustible; yo no echo en Honduras, siempre para cargar combustible lo hago en El Poy (Chalatenango)”, dijo.

“Si se trata de comprar ropa vamos a Metrocentro, en todo nos beneficia El Salvador, abunda más el dinero y las cosas son de mejor calidad”, aseguró.

Ramírez contó que la primer vez que ingresaron a su nieta tuvieron que regresarse a las nueve de la noche hacia Honduras, pero por suerte el vehículo, dice, nunca le ha fallado y la gasolina siempre le ha abundado.

Pagar una carrera desde Ocotepeque hasta el Bloom ronda las 1,300 lempiras, menos de $60, ida y vuelta.

En un inicio, el ritmo de viaje de era de cada ocho días, pero como el tratamiento que le brindan los médicos a su nieta le han mejorado la salud es muy probable que pase a cada mes o dos meses.

“Ya me siento contento, uno cuando tiene un familiar enfermito uno se preocupa, ahí anda uno haciendo cualquier cosita por ellos, pero hoy que la niña ya está recuperada me siento muy contento”, expresó.

Aunque no explicó el padecimiento de su nieta, dijo estar muy satisfecho por la atención médica que le han brindado.

“Parece que tenía síntomas de insuficiencia renal, pero descartaron eso, ahorita la niña ya está bien”, dijo.

Antes de ser taxista dijo que se dedicaban a cuidar de sus vacas, cultivar milpa, tomates y cebollas. De niño, recuerda que vivió un tiempo en Metapán, pero para la guerra de las “Cien horas” entre Honduras y El Salvador tuvieron que alejarse definitivamente.

Taxista hondureño 4

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