• Diario Digital | sábado, 21 de septiembre de 2019
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Ventaja en encuestas, incertidumbre y amenazas de fraude no dan triunfo aún

Ventaja en encuestas, incertidumbre y amenazas de fraude no dan triunfo aún

A medida que las elecciones presidenciales se acercan, los candidatos se esmeran más por exhibir su posible victoria que por persuadir votantes con sus programas de gobierno. Mientras las encuestas parecen tener un ganador, cada candidatos nada en su propio río aunque este turbio. Para el único que parece clara y cuesta arriba la corriente es para Josué Alvarado.  Los demás así como tienen la posibilidad de ganar, tienen la de perder.

Hugo Martínez, candidato del partido oficial, no parece crecer en la mayoría de encuestas pese a su esfuerzo territorial, apoyos gremiales, dinamización de su discurso y su extensa plataforma programática neoliberal modernista. Ni siquiera los cientos de obras que reporta el actual gobierno como muestra de la efectividad en su desempeño muestran fortalecerlo.  Pareciera que a cada tramo que avanza en abordar nuevos sectores de votantes con sus actividades, las imágenes de sus compañeros manchados por el nepotismo, mediocridad o simplemente por su veteranía o mala reputación, justa o no, lo retrocede.  De poco le sirve que prometa incluir el 50% de mujeres en su gabinete, si la prominencia de dicho sector en su partido no muestra de donde van a salir. Su compañera de fórmula, que podría reforzar el punto, sale muy poco fuera de su sombra. Peor es percibido el llamado del candidato del FMLN a los candidatos a luchar contra la corrupción cuando sus respectivos partidos han sido acusados de nepotismo, favoritismo y robo. La misma suerte corre su propuesta de programa de gobierno o la promesa de “transparencia” promovida en los medios por Gerson Martínez, su ex contrincante en las elecciones internas de partido. Aún con todos estos esfuerzos las encuestas ponen a Hugo, desde hace algunos meses, en un inamovible tercer lugar.

Nayib Bukele, el candidato favorecido por todas las encuestas y el de mejor manejo de las redes sociales, tampoco puede dar por segura su victoria el próximo 3 de febrero.  Tanto la dispersión del partido que lo llevará a las urnas, como el eclecticismo en la dirección misma de su campaña, no le dan seguridad ni a sus mismos votantes de que va hacer un mejor gobierno.  Sus adeptos “fans” lo prefiere más por una sola cosa -- Nayib Bukele es el único aparentemente capaz de castigar a la clase política, que además de saquear y secuestrar al estado, ha ofendido su inteligencia. Pero resulta que a pesar de todo el apoyo que la población le ha manifestado en las encuestas, al candidato de GANA-Nuevas Ideas-Cambio Democrático le quieren sacar de la contienda los dueños del país. Va ser muy difícil que teniendo todos los medios del aparato de estado, la prensa, la iglesia y hasta apoyo dentro de la embajada americana, no se cumpla la demanda de miembros ARENA  de sacar a Bukele de la contienda. En cualquier momento un juez prepagado, de esos que están de moda, puede darle vida a un trinquete como el que le hicieron a Lula en Brasil.

Aunque su familia ha financiado al partido ARENA desde hace algún tiempo, el candidato Carlos Calleja no tiene el cien por ciento del respaldo del partido.  No obstante que la campaña “devuelvan lo robado”, haya sido acuñada en la asamblea por el Frente, ha sido retomada por las bases tanto del partido de Bukele como del FMLN.  La desesperación que el diputado Magaña de Ahuachapán expresó al respecto de sacar al exalcalde de la contienda, como única salvación, es sintomático de la moral en dicho partido, que no garantiza que su candidato decida un día de estos no seguir gastando dinero en su campaña. Fondos como los que los expresidentes Saca, Flores, Calderón Sol y Cristiani de ARENA tuvieron disponibles, desde las arcas del estado para apoyar sus candidatos, ya no son parte del financiamiento de ARENA.  La hostilidad tanto a través de las redes sociales como a nivel personal que está teniendo el candidato dan la impresión que cualquier rato desierta su candidatura.

Una mirada de cerca a las campañas puede decirnos que tanto ARENA como el FMLN apuestan a ganar con la eventual expulsión de Bukele de la contienda. Ese deseo tiene muy poco tino y nada de reparo en sus consecuencias.  Es posible que al cumplirse dicha exclusión, los votantes sin candidato decidan votar por el FMLN -- pero siendo que lo que más les gusta de Bukele es su disposición y capacidad de castigar a la clase política, representada en el ejecutivo por el frente, podrían muy bien, votar por ARENA.  Hay en disputa aun, cerca de medio millón de votantes que anularon su voto en elecciones anteriores solo para castigar al FMLN.  Tal grupo poblacional son en su mayoría simpatizantes y ex-miembros del frente que tampoco tienen una sola perspectiva y razón para protestar a dicho partido. Son un grupo pensante que puede influir a familiares y amigos, si tienen algo concreto con que defender sus argumentos a favor o en contra del FMLN o su candidato.

Más que fotos con personajes como José Mujica y Andrés Manuel López Obrador y apoyos de organizaciones sectoriales y gremios, este casi medio millón de votantes pensantes e influyentes esperan que Hugo Martínez les explique cómo va promover el desarrollo económico, sin entregar el país a las corporaciones internacionales para que impongan sus reglas.  En su mayoría, este grupo no espera un soviet de su gobierno, pero favorecen la soberanía económica y jurídica --  no simplemente cambios en el lenguaje de su propuesta de “simplificar” las reglas de la inversión extranjera, uno de los pilares del neoliberalismo rapaz.  Para un liberalismo inmisericorde e incondicional a las transnacionales mineras, ya está Carlos Calleja. La población de votantes periféricos al frente necesita ver congruencia entre una modernización planificada y los personajes detrás del candidato que la implementarían, y no un nihilismo neoliberal ingenuo. Es hora de poner todo en el asador para Hugo Martínez.  Temas como la marihuana medicinal que reemplaza el uso de analgésicos, que tanta nefropatía, gastos en diálisis y muerte han causado en El Salvador, el derecho de las mujeres a gobernar su propio cuerpo y criar a sus hijos, autosuficiencia alimentaria y la protección del agua, deberían ser claramente parte de los programas de gobierno, que de paso en 142 no lo lee ni su membresía.

En cuanto a una descalificación de Bukele, los “connoisseurs de guerre” salvadoreños calculan que un descontento de las bases de Nuevas Ideas “sería un zafarrancho que no duraría más de una semana”.  Se necesita actualización en materia de insurgencia espontánea para calibrar estos estimados.  Les sería útil recordar que estamos en el siglo XXI, tiempo en que la agitación de masas no se da en auditorios, con volantes, mini mítines o tirada de panfletos desde un avión, sino a través de las redes sociales accesibles al ciudadano las 24 horas desde la palma de su mano. Para muestra el impacto de las luchas reivindicativas del transporte urbano en Brasil y la respuesta de Dilma Rousseff, las protestas de cotización y pensiones de seguridad social en Nicaragua y la respuesta de los Ortega/Murillo, y las manifestaciones incendiarias de los Chalecos Amarillos por el alza de precios al combustible en Francia y la inmediata respuesta de Macron.  También es importante observar y analizar la experiencia de fraude electoral y represión despiadada en Honduras con sus respectivas caravanas de migrantes irregulares, que lejos de cesar se están centro americanizando.

El potencial de una sociedad salvadoreña descontenta tampoco le garantiza una capacidad de respuesta a GANA-Nuevas Ideas-Cambio Democrático, por mucho que el ministro de defensa lo advierta como un riesgo.  El que Nayib Bukele se haya sentido inseguro de participar en un debate en la Universidad Nacional no es consistente con la valentía y audacia que lo han perfilado como el único capaz de castigar a la clase política por su corrupción y ofensas a la inteligencia popular. Aunque Nayib Bukele cuenta con personajes como el diputado Juan José Martel, que otrora fueron dirigentes de masas, sus actuales emisarios y representantes en municipios y cabeceras departamentales no tienen el nivel de compromiso organizativo ni están conectados a un programa como para defender al partido GANA/Nuevas Ideas y Cambio Democrático, prolongadamente en las calles.  La horizontalidad que promueve Karim Bukele en sus reuniones departamentales no ha edificado la firmeza que necesita una organización popular para enfrentar una embestida legal de la actual clase política.  La sola agitación de la membresía no sería suficiente para protestar sistemática, generalizada y constantemente, como lo hicieron recientemente ante el Tribunal Supremo Electoral.

Lo retomable de la experiencia hondureña es que ni Nasrala, ni Zelaya tenían una relación orgánica con el movimiento que se desató después del fraude electoral.  Si bien los disturbios contra el fraude en Honduras tuvieron resonancia en todo el territorio, no lograron prolongar la crisis en Tegucigalpa como para revertir el fraude.  Salvador Nasralla no tuvo capacidad, en términos organizativos, de sostener una protesta continua y sistemática que culminara con una crisis de poder.  El Salvador tiene condiciones objetivas y subjetivas que lo vulneran a generar insurgencia en caso de un fraude electoral. Además de haber tenido una de las guerras civiles más largas en la historia de América, su densidad poblacional de 294 personas por km2, más del triple de la de Honduras, que tiene solo 74.  Además de los niveles organizativos de su población y avances respeto a derechos humanos a nivel institucional. Un fraude electoral en El Salvador puede tener una respuesta de la población similar a la que dio Honduras que fue instigada por uno de los candidatos presidenciales con duración de más o menos  un mes; o una como la de Nicaragua  cuya resistencia organizada por estudiantes universitarios, que lleva más de medio año.   ¿Acudirían las masas al llamado de un candidato presidencial cuya relación orgánica con el potencial movimiento es horizontal? Aunque en otro continente, los “chaleco rojos” franceses son un movimiento sin líder ni causa firme y tienen a Emmanuel Macron, su mandatario, al vilo de la dimisión. Como dice la canción, hay que pensarlo muy bien.