• Diario Digital | miércoles, 01 de febrero de 2023
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Sobre la vida y la materia

Sobre la vida y la materia

El Editor me dijo una vez: dejá de filosofar, que lo tuyo son los cuentos, vos no naciste para escribir de política (gracias a Dios) hace lo que te va bien; “Zapatero a tus Zapatos”

Bueno, como el zapatero, tenía en su linaje paterno el gen filósofo de los persas y la coloquial manera cuentista del linaje oriental materno, decidió hacer zapatos coloquiales que olieran a filosofía persa.

Y es así como nació el relato que te voy a contar;  el cuento más cierto que hallas oído jamás.

Todo lo que existe, está formado por pequeñas partículas llamadas átomos, el tráiler que conducis, la cerveza que bebes, el aire que respiramos, la tierra que nos sustenta, la familia que amamos, etc.

Todo, absolutamente todo lo que conoces  está compuesto por esas pequeñas partículas que ni se te vaya a ocurrir partir, porque entonces nos partís la progenitora  a todos.

Los átomos son unas pequeñas esferas (tan diminutas que no se pueden ver) que nunca; pero nunca se están quietas, todo el tiempo se están moviendo, así como Manolo, padecen de hiperactividad crónica quien sabe desde cuándo.

Todos los átomos son exactamente iguales, no hay uno solo que sea diferente a los demás.

Luego, sin que nadie sepa porque, esas pequeñas esferas idénticas se juntan en grandes comunidades, de miles de trillones para formar cosas tan diferentes entre sí, como el fuego y el hielo.

No me preguntes quien les dice cómo y cuándo agruparse; para explicar eso tendría que reconciliar a la ciencia con la religión, pero hasta hoy siguen sin hablarse. (Y eso, que son hermanas aunque todavía no lo saben.)

Bueno, sigamos hablando de estos pequeñines hiperactivos…

¿Dónde iba? ahhh si, los átomos se agrupan en grandes comunidades, que a veces forman una simple roca, otras veces un complejo ser humano, o un noble chucho.

Lo maravilloso de esta historia, es que si tomáramos a una persona y a una simple piedra de iguales proporciones y de alguna manera, con una pinza comenzáramos a quitar átomo por átomo de sus cuerpos y ponerlos en un pequeño montón uno al lado del otro; al final, cuando estuvieran ambos completamente desintegrados, tendríamos dos pequeños montículos de átomos exactamente iguales.

¡Los átomos que formaban aquella piedra, son los mismos que una vez fueron una persona!

¡No son diferentes, la materia prima es igual en todo y en todos!

Piensa en la repostería que el panadero pone en el mostrador, aunque diverso en tamaño, color y sabor;  proviene de granos de trigo exactamente iguales.

Sin embargo no deja de asombrarnos que una persona esté viva y una piedra no, sobre todo cuando nos enteramos que los átomos, no están vivos. Son partículas inertes que no tienen conciencia de lo que modelan, es decir, ellos forman un cuerpo humano; pero nunca podrán saber lo que han creado al agruparse.

Lógicamente es casi imposible que algo que no tiene vida ni conciencia pueda agruparse para formar un ser vivo e inteligente.

O que en otras ocasiones, aun formando vida, no formen conciencia o inteligencia como en el caso de una planta o un animal irracional.

Todo eso me mantiene en vigilia constante, desintegrando millones de neuronas, tratando de encontrar la explicación a todo este asunto.

Percibo de alguna manera que solo la hermana de la ciencia, puede explicar con su extraño lenguaje metafórico, el origen de la vida, la conciencia, las emociones y el pensamiento.

¡La ciencia nunca podrá responder eso, Sencillamente porque la vida, la conciencia, las emociones y el pensamiento, no están formados por algo que pueda estudiarse con las herramientas convencionales de medición de la materia!

Todo ello va más allá de la sustancia elemental y nos llega la pregunta obligada:

¿De que esta hecho entonces el pensamiento?

¿De qué está formada la conciencia?

¿Las emociones de que se componen?

¿La vida misma de donde viene?

Porque, entendemos que los mismos átomos que aquí se agrupan  para formar seres vivos, son exactamente iguales a los mismos átomos que en otras partes del sistema solar y quizá galáctico se niegan rotundamente a hacerlo.

La vida, la conciencia, las emociones y el pensamiento, no está entonces sujeto a una simple agrupación de partículas caprichosas.

Porque luego cuando una persona muere, el cuerpo deja de tener vida, deja de pensar, deja de tener conciencia; pero los átomos siguen allí agrupados, al menos por un tiempo, antes de comenzar a desintegrarse, e irse a quien sabe donde a formar quien sabe qué cosa, porque no desaparecen solo se desagrupan.

¿La vida, la conciencia, las emociones y el pensamiento, que no estaban compuestos por ellos donde fueron?

De allí sospecho que a lo mejor era el “ser” lo que mantenía unidas esas minúsculas partículas, que es la vida al llegar como una pequeña chispa, quien comenzó a atraer corpúsculos de energía y agruparlos en moléculas que luego formarían células que al agruparse crearían órganos que en conjunto formarían un ser viviente de ojillos vivaces, capaz de ver el reino del pájaro y la nube.

Aunque algunos le llamen Alma, otros: chispa divina, espíritu y los más escépticos: Psique, coinciden todos en un punto, no es eterna en este universo, no estaba hace cien años aquí y no va a estar dentro de cien años.

¿De dónde vino?

¿A dónde va?

Los griegos se preguntaba ¿Quién soy, de donde vengo, adonde voy?

Una vez que El espíritu  se marcha, después de un brevísimo respiro en este plano alabeado del microcosmos en expansión, el ser deja de tener conciencia.

Los átomos no tienen ya propósito alguno y comienzan a desintegrar la hermosa comunidad del escritor prolífico de cuentos coloquiales para desaparecer de la vista del colérico editor.

Dijo la incomprendida y muy manoseada escritura: El polvo vuelva a la tierra como era y el espíritu regrese al Padre que lo dió.