• Diario Digital | Viernes, 24 de Mayo de 2019
  • Actualizado 17:46

Lucha contra la pobreza: Voluntariado

Lucha contra la pobreza: Voluntariado

Cientos de voluntarios llegan cada día a los países con mayores niveles de pobreza en afán de impulsar políticas que ayuden al desarrollo personal y a la gobernabilidad de los estados beneficiarios.

Jóvenes en su mayoría de países del primer mundo, se alistan anualmente para poner su conocimiento al servicio de otras personas en áreas como medicina, organización comunitaria, negocios o emprendimiento, educación y otros.

Las Oenegés que trabaja en estos países, así como instituciones internacionales, facilitan el proceso de incorporación de jóvenes y adultos que quieren aportar algo de su conocimiento en provecho de habitantes de otras regiones del planeta. 

Estos programas también se realizan con voluntariado para la acción interna o local.

El termino voluntariado se refiere a una amplia gama de actividades realizadas voluntariamente, en beneficio de la sociedad en su conjunto y sin que la retribución económica sea el principal factor de motivación.

El ámbito de actuación del voluntariado es amplio; abarca el voluntariado de los empleados del sector privado, el voluntariado en las organizaciones de la sociedad civil y la participación en los planes estatales de voluntariado; cuando hay una política de voluntariado o por lo menos el conocimiento básico en líderes y funcionarios del estado sobre los beneficios de estos programas 

Muchos jóvenes, profesionales y adultos con experiencia, retirados de sus empleos formales, forman parte de este grupo de seres privilegiados que buscan compartir sus conocimientos y habilidades con otros con menores oportunidades para su desarrollo social y económico.

La red de voluntariado está asentada de un  espíritu de servicio o de voluntad de ayudar, lo que se convierte en el primer requisito para pasar un tiempo de servicio en el programa y lugar que cada uno defina según sus capacidades. 

Sobre las áreas de acción  hablamos de arte, mecánica, física, idioma inglés u otras necesidades detectadas, eso sí debemos de contar con un sustento práctico: los beneficiarios (gobierno o empresa/institución), aportan o facilitan las condiciones de ingreso, mantenimiento, seguridad y flexibilidad en las normas de permanencia mientras dure el programa. 

La experiencia es gratificante, por la satisfacción de ayudar a otros y poner en práctica habilidades y destrezas. Muchos de los voluntarios que llegan a zonas de extrema pobreza y conviven en  las comunidades, tienen al regresar a su país de origen o a su lugar de residencia, un reconocimiento más profundo  de su estatus y calidad de vida.

Desde otra perspectiva,  recuerdo que un amigo francés que trabajaba con jóvenes “problemáticos” contaba que a estos muchachos los llevaban a pasar un tiempo al África para que convivieran en las comunidades con hartas necesidades. Al regresar a su país lo más probable es que dieran gracias a Dios de estar de vuelta  e iniciar su cambio de vida.

Creo que nuestro país ante la situación mundial y frente a las nuevas políticas de inmigración, de lo Estados Unidos de América, deberíamos de impulsar esta clase de programas con mayor fuerza y creatividad; tanto con personas que vienen del extranjero  como con personal salvadoreño. Los beneficiados por estos programas verían con beneplácito estos esfuerzos, ya que apoyan la realización de acciones que los gobiernos con sus propios medios no pueden cumplir.

En nuestro país hay cientos de jóvenes y retirados o jubilados  con habilidades, destrezas, conocimientos y experiencia, que pueden hacer la diferencia en los planes de desarrollo local y personal beneficiando a cientos de familias.

Aquí pues una oportunidad para la empresa privada en  su responsabilidad social empresarial, la sociedad civil organizada y el Gobierno  para estimular la participación social y el desarrollo humano de los segmentos sociales mas deprimidos.