• Diario Digital | jueves, 12 de diciembre de 2019
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Judiciales - EXCLUSIVA DE EL SALVADOR TIMES

Así operaba la cabecilla de la banda “Las Viudas Negras”, quien es cuñada del Hermano Toby

EXCLUSIVA DE EL SALVADOR TIMES | El requerimiento fiscal sobre el caso de las “Viudas Negras” revela su cabecilla obligaba a las mujeres que llevaba a trabajar como domésticas en su casa a casarse y luego mataba a su cónyuge para cobrar los seguros de vida.

Esmeralda Aravel Flores Acosta, la cabecilla de "Las Viudas Negras" fue arrestada la semana pasada.
Esmeralda Aravel Flores Acosta, la cabecilla de "Las Viudas Negras" fue arrestada la semana pasada.
Así operaba la cabecilla de la banda “Las Viudas Negras”, quien es cuñada del Hermano Toby

Mónica –la testigo criteriada en este caso- fue contratada a finales de agosto de 2016 por Esmeralda Aravel Flores Acosta, la cabecilla de "Las Viudas Negras" para que cuidara a sus cuatro hijos. Jamás se imaginó que terminaría involucrada en una red vinculada a la Mara Salvatrucha que se dedicaba a matar a hombres para cobrar cuantiosos seguros de vida.

Una red que ahora está en el ojo del huracán, luego que El Salvador Times revelara que Esmeralda, la cabecilla de esta banda, es cuñada del Hermano Toby, el líder del Tabernáculo Bíblico “Amigos de Israel”, quien se debate entre la vida y la muerte en un hospital capitalino. Su círculo cercano sospecha que su esposa  Gabriela Guadalupe Flores, de 24 años, podría haberlo envenado como parte de las misiones de la banda “Las Viudas Negras”.

Según el requerimiento fiscal, al que este medio tuvo acceso, fue gracias a que Mónica logró escaparse de Esmeralda que el caso se dio a conocer. Fue su testimonio el que logró las capturas de Esmeralda y otras dos cuñadas del Hermano Toby.

Los hechos se dieron a finales de agosto de 2016, cuando Patricia Lucha, una vieja conocida de Mónica, le ofreció trabajo para cuidar los hijos de una mujer que vivía en la zona de San Marcos. Ella fue al lugar y aceptó quedarse, luego de pactar un pago de $250 a cambio de cuidar a los cuatro hijos de Esmeralda.

Al inicio  fue el trabajo ideal, aunque siempre vio movimientos extraños. Un día notó que cuando se hacía la comida, siempre se hacía un plato de más y lo llevaban fuera de la casa. Un día le preguntó a Patricia por qué hacían eso y le pidió que fuera prudente. “En esta casa solo tenés que ver, oír y callar”, le advirtió.

En una ocasión, Esmeralda le pidió a Mónica que fuera la que llevara el plato de comida a una casa que estaba a pocos metros. De inmediato obedeció la orden. Al llegar, fue Wilber Javier Cáceres Benítez, alias “El Guay”, quien abrió la puerta.

Lo primero que impactó a Mónica fue ver que Wilber estaba totalmente tatuado de pies a cabeza. Tan solo pudo notar su color de piel al ver las palmas de sus manos. De inmediato identificó la MS en medio de todas las manchas en la piel. Tuvo miedo.

El sujeto sacó un arma y le apuntó directo a la cabeza. Del susto hasta el plato de comida terminó derramado en el suelo. “Vas a hacer todo lo que Esmeralda te diga, sino vamos a matar a tu madre y a vos”, le advirtió. Al tiempo que le dijo que tenía fotos para identificarlos. Le explicó que solo le haría un “trabajito” y que después la dejaría libre, pero sino la mataría sin pensarlo

La boda

Mónica contó en su declaración que tras las amenazas del marero, Esmeralda le confesó que ella se dedicaba a matar hombres y que ella tendría que casarse con uno, pero que luego le explicaría todo lo que tenía que hacer. Pero si no lo hacía la matarían junto a su familia.

A los pocos días, le ordenó que fuera a la Alcaldía de Santa Ana y que ahí iba a conocer a su futuro esposo. Esmeralda ya había hecho el contacto con él y bajo engaños le había prometido un matrimonio arreglado, pues le había asegurado que Mónica se iba a casar con él para ayudarle a conseguir la ciudadanía estadounidense para que se fuera al país del Norte.

A cambio, le pedía que contratara seguros de vida y hacía que pandilleros que trabajaban con ella amenazaran al sujeto para que este interpusiera la denuncia. De esta manera, al asesinarlos nadie sospecharía nada, porque todo parecería que era por amenazas de pandillas.

Fue así que a finales de agosto, Melvin Otsmaro Reyes Rosa aceptó casarse con Mónica. Llegaron a la alcaldía ese día para iniciar los trámites en la comuna. Finalmente los citaron para el 2 de septiembre para una boda colectiva.

Esmeralda le consiguió un vestido de novia, los testigos y hasta el dinero para el pollo frito que debería llevar para conocer a la familia de su nuevo esposo. Le advirtió que tenía que comportarse que como si fuera su novia, que se fuera con él a su casa, pero que no se dejara tocar. Finalmente, terminaron casándose.

Luego, se fueron a la casa de Melvin, ubicada en San Lázaro en Ahuachapán. Ante la sorpresa de su familia, les presentó a su esposa, mientras ella esquivaba todas las preguntas indagatorias al no entender cómo es que su hijo se había casado con una desconocida y sin decir nada.

Mónica tuvo que regresar donde Esmeralda, pues el arreglo solo era casarse, no convivir con el sujeto. Además, le advirtió que si Melvin le preguntaba algo que solo dijera que había llegado de visita al entierro de su papá.

Un mes después de la boda, justamente el 7 de octubre de 2016, Esmeralda le contó que su nuevo esposo había muerto. Le dijo que no se sintiera mal porque esos pecados quedarían en ella, porque ella lo había matado.

El cobro de los seguros

Mónica cuenta en su testimonio que Esmeralda le ordenó no solo ser ella quien monopolizara los trámites para recuperar el cadáver en Medicina Legal, incluso tuvo que ser ella quien lo reconoció, sino también sobre el funeral.

Esmeralda le pidió a Mónica que incluso en la vela y el cementerio llorara como Magdalena y que incluso tratara de desmayarse para que le creyeran el luto. Mónica así lo hizo. Además le pidió que asistiera a la Fiscalía para exigirles desesperadamente que investigaran el homicidio y fue ahí que le revelaron que él ya tenía amenazas de pandilleros.

Eso les sirvió que para nadie sospechara de ella. Luego, Esmeralda le dijo que tenía que recoger en Medicina Legal el examen toxicológico, así como la autopsia que serviría para los cobros de seguros. Ella inició el trámite, donde nadie sospechó nada.

Fue entonces que hasta el 9 de diciembre que recibió una llamada del banco para darle el dinero del cobro de los seguros de vida. Finalmente le dieron dos cheques uno por $30,000 y otro por $32,500. Esmeralda mandó a un pandillero, primo de ella, para que se asegurara que lo hiciera bien. Una vez tuvo el dinero se lo quitó.

Con eso, Esmeralda compró un pick up Tacoma, así como varios electrodomésticos y enseres del hogar, así como regalos para los cuatro hijos de ella. Las compras se hicieron con una tarjeta de débito y por cantidades bastante grandes.

De hecho, en una de esas jornadas de compras, fue que Mónica vio cuando Esmeralda se reunió con Gabriela, la esposa del Hermano Toby, la que también le compró unos alimentos para ella.

Pese a los cuantiosos seguros, Mónica no recibió ni un cinco y Esmeralda gastó a su antojo el dinero.

Más casos

Mónica –quien prácticamente estaba recluida en casa de Esmeralda- vivía ahí junto a otras mujeres quienes también ya se habían casado, enviudado y cobrado seguros para enriquecer a “Las Viudas Negras”.

En lo que estuvo ahí conoció el caso de Fátima, una mujer que se había casado con un soldado, pero que no habían logrado matarlo porque las autoridades seguramente investigarían más este crimen. Por lo que estaban convenciendo al militar de darse de baja.

Asimismo, conoció el caso de Yoselin, quien también cobró un seguro de vida de la misma. La mano derecha de Esmeralda, Patricia Lucha, fue quien la ayudó también a matar a la expareja de Esmeralda, un sujeto a quien solo llamaron Alex.

Así el listado crece. La Fiscalía también recibió el testimonio de otra mujer que fue obligada a casarse –a quien han bautizado con la clave Mateo- quien fue obligada a contraer nupcias en unas bodas colectivas en San Salvador con Edgard Kriohna Gutiérrez Hernández en julio de 2014.

Luego, fue asesinado en el kilómetro 6 ½ a un costado de la carretera de Oro, a 100 metros de la comunidad Japón, San Bartolo, Ilopango el 13 de septiembre de 2014. Eso le valió a Esmeralda recibir no solo un seguro de vida que no precisaron cuánto, sino incluso la pensión de la AFP.

Este solo es la punta del iceberg de esta red de trata y crimen organizado, en la que incluso se ha comenzado a sospechar que está vinculada la esposa del Hermano Toby.

Círculos cercanos al líder religioso señalan que por su historial familiar la mujer pudo haber casado con el pastor para llegar a sus bienes, sobre todo cuando la salud del Hermano Toby decayó estrepitosamente.

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