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Política - Secuestro y asesinato de Ernesto Regalado Dueñas

Un grupo de estudiantes brillantes y cristianos convertidos en secuestradores y asesinos

QUINTA ENTREGA. Alejandro Rivas Mira había estudiado el bachillerato en el Liceo Salvadoreño, el colegio más caro del país, había obtenido las calificaciones más altas de su promoción. Luego, en 1965, también se agenció la nota más alta entre los casi 500 jóvenes que hicieron el examen de admisión a la Universidad Nacional. 

Un grupo de estudiantes brillantes y cristianos convertidos en secuestradores y asesinos

Alejandro Rivas Mira.Esa tarde del 15 de febrero de 1971, mientras Jorge Cáceres Prendes era interrogado en el cuartel de la Policía Nacional, Carlos Menjívar ingresó furtivamente a la Universidad Nacional y se dirigió a una oficina de asistencia social que ahí dirigía Alfonso Rivas Mira. Los dos jóvenes conversaron en voz baja.

Luego, Alfonso llamó a su ayudante Carlos Solórzano, y le dijo que habían capturado a Cáceres Prendes y que Carlos Menjívar estaba involucrado en el secuestro al igual que su hermano Alejandro, a quien le había prestado su Volvo celeste.  

Alfonso estaba convencido de que la Policía ya estaba al tanto de todo, que comenzaría una redada de sospechoso esa misma tarde, y que era preciso que él mismo buscara asilo político en alguna embajada. Le pidió a Solórzano que lo apoyara en esas gestiones, y decidió pasar esa noche dentro del recinto universitario.

Por su parte, el doctor Julio Adolfo Rey Prendes, miembro de la dirección de la Democracia Cristiana, se reunió en privado con el presidente Sánchez Hernández, a quién dijo que ni él ni su partido ni su sobrino tenían que ver con el secuestro. El presidente firmó una orden de libertad inmediata para el prisionero. Ya bien entrada la noche, Jorge Cáceres Prendes fue liberado, y a decir de su tío presentaba claras evidencias de haber sido torturado y drogado con pentotal. 

Alfonso Rivas Mira era director del sector juvenil democristiana. Pese a esa filiación de todos los sospechosos, las autoridades descartaron la responsabilidad de ese partido como tal. Sabían que todos sus altos dirigentes, aunque eran opositores al régimen militar, también eran anti comunistas. 

Pero también sabían que en la juventud de ese partido se había venido desarrollando una corriente socialcristiana radical. Todos los sospechosos pertenecían a ese sector y habían participado en las jornadas de cristiandad que, en nombre de la doctrina social de la iglesia católica, dirigía el padre Inocencio Alas, a quien el gobierno consideraba un promotor de la subversión izquierdista.

“El Grupo”

Alejandro Rivas Mira había estudiado el bachillerato en el Liceo Salvadoreño, el colegio más caro del país, había obtenido las calificaciones más altas de su promoción. Luego, en 1965, también se agenció la nota más alta entre los casi 500 jóvenes que hicieron el examen de admisión a la Universidad Nacional. 

Se inscribió en la facultad de economía, se vinculó al movimiento socialcristiano, en el que militaban muchachos que, como él, eran muy buenos estudiantes y pertenecían a la clase media alta. En 1967 ganó una beca para continuar sus estudios en Alemania Federal. En ese país, Rivas Mira trabó amistad con otros becarios guatemaltecos, argentinos y venezolanos que se empeñaban en el estudio del marxismo, y que estaban vinculados a los brotes guerrilleros surgidos en sus respectivos países. 

Mientras tanto, en El Salvador, sus compañeros universitarios socialcristianos habían iniciado un intenso debate la inutilidad de la competencia electoral en el contexto de una dictadura militar, y algunos se iban decantando por opción de la lucha armada. 

Según el libro de memorias de Eduardo Sancho, la decisión de tomar las armas fue adoptada el 24 de diciembre de 1969, en una reunión efectuada en la facultad de derecho. Los presentes en ese cónclave fueron diez:  Lil Milagro Ramírez, Alejandro Rivas Mira, Angélica Meardi, Ricardo Sol Arriaza, Luisa Castillo (hija del doctor Fabio Castillo Figueroa, rector de la Universidad Nacional), Carlos Menjívar, Julia Rodríguez, Salvador Montoya, Sonia Ramírez y Eduardo Sancho. 

Ellos constituirían el primer núcleo guerrillero, que luego sería conocido como “El Grupo”, y que después se transformaría en el Ejército Revolucionario del Pueblo. Por liderazgo natural, la primera jefatura correspondió a Rivas Mira, siendo su segunda al mando Lil Milagro Ramírez, que ese mismo año había egresado como abogada. 

Se sabe que Rivas Mira viajó a Cuba para entrenarse. En un artículo titulado “Testimonio, ficción e historia”, publicado el 21 de julio de 2007 en el Diario Colatino, Pablo Benítez afirma: “Entre 1968 y 1969, Roque Dalton conoce a Luis (que era el seudónimo de Rivas Mir). Al parecer, Luis se encontraba en tierra cubana par a recibir un curso en manejo especializado de documentos”. 

Esa información se la proporcionó a Pablo Benítez Aída Cañas, viuda de Roque Dalton. Ella le aseguró que aquel encuentro se dio “por pura casualidad”, y que no hablaron nada acerca de la guerrilla salvadoreña. 

La cuestión es que los cubanos no entrenan a nadie que no tenga el aval de alguna organización o personalidad reconocida políticamente por ellos, y la pregunta es quién avaló a Rivas Mira. En El Salvador solo estaban en capacidad de hacerlo el Partido Comunista y el doctor Fabio Castillo Figueroa. 

El contexto indica que fue este último quien lo avaló. Pero si fue así, es muy poco probable que ese contacto entre Rivas Mira y Roque Dalton fuese casual, y que no hablaran de la guerrilla, pues a esas alturas Dalton ya era el representante de Castillo Figueroa en Cuba. Lo más probable es que la presencia de Rivas Mira en La Habana hubiera sido intermediada por Dalton. 

Lo que Eduardo Sancho asegura en sus memorias es que Castillo Figueroa dio su apoyo a “El Grupo”, no que formara parte del mismo. Es decir que el proyecto revolucionario de Castillo Figueroa y Dalton era independiente del encabezado por Rivas Mira y Lil Milagro Ramírez. La proximidad y la independencia entre ambos proyectos, tendría luego una gran relevancia en el desarrollo posterior de los acontecimientos.  

En todo caso los primeros miembros de “El Grupo” en pasar a la clandestinidad, como militantes de tiempo completo o profesionales, fueron Rivas Mira y Lil Milagro. Los demás se mantuvieron en la legalidad durante un tiempo. En los primeros meses de 1970 varios vigilantes nocturnos fueron atacados y despojados de sus pistolas. Luego hubo una serie de asaltos a establecimientos comerciales. 

Eduardo Sancho dice en sus memorias que, en ese periodo, “El Grupo” se acercó a las FAR. Es presumible que eso se diera a través de los contactos realizados por Rivas Mira en Europa. Se trataba de obtener asesoría en una técnica en la que los guatemaltecos ya tenían alguna experiencia: el secuestro. 

Este tipo de operación era considerado imprescindible para que “El Grupo” se hiciera de un fondo financiero por medio del cobro de “un impuesto de guerra a los ricos”. 

A finales de 1970, el señor Alejandro Cruz recibió la visita de dos jóvenes interesados en la casa que él alquilaba en el número 219 de calle Granada de la colonia La Providencia. Se presentaron como Juan José Rodríguez y Rafael Antonio Sánchez. Al firmar el contrato de arrendamiento presentaron sus respectivas cédulas de identidad. Uno de ellos usaba gruesos lentes de miope con montura negra de carey. El otro tenía ojos azules y cabello rojizo. 

El plan para secuestrar a Ernesto Regalado Dueñas e iniciar la guerra de guerrillas en El Salvador  ya estaba en marcha.

Primera entrega

Segunda entrega

Tercera entrega

Cuarta entrega

Sexta y última entrega: “El asesinato del magnate y la desbandada del grupo guerrillero”.

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