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La escuelita del Hospital Bloom y sus clases en medio de jeringas y medicamentos

Mauricio Pineda | 11 de julio de 2019

Varios niños, que a la vez son pacientes del hospital Bloom, reciben clases en aulas instalaciones en ese centro médico.
Varios niños, que a la vez son pacientes del hospital Bloom, reciben clases en aulas instalaciones en ese centro médico.

Se trata de un centro de enseñanzas que lleva 19 años de funcionar en el centro hospitalario, y a la fecha, cuanta con once maestros y 75 estudiantes. Conoce su historia. 

 

 

La escuelita del hospital Bloom es un centro educativo que opera diferente al resto de escuelas del país; la hacen única y especial sus docentes, pero sobre todo, los estudiantes que tienen categoría de pacientes en ese centro médico.

Inició funciones en el 2000, y a 19 años de su fundación continúa atendiendo un selecto grupo de estudiantes en el décimo nivel del Hospital de Niños Benjamín Bloom, en San Salvador.  

Algunas palabras que son claves para entender su funcionamiento son: apoyo, comprensión, tolerancia y amor; esta última, ha permitido la conexión de los estudiantes con los maestros.

Según explica la directora de ese centro educativo, Rosa Ivonne Mejía Rosales, muchas veces la función de los maestros, 11 en total, va más allá del plano educativo al atender a niños que presentan algún grado de complicación de salud.

“El docente debe de ir revestido con una coraza porque para dar aliento a los niños debe estar fuerte, por ejemplo, si el niño llora y el maestro llora no se puede dar un apoyo. Las palabras del maestro siempre son: ´Ya va a pasar, sonría´, con ello el niño muestra una cara diferente”, explica Rosales.

Asegura que lo mismo ocurre cuando, por ejemplo, hay estudiantes que están ingresados en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) desde donde muchas veces el niño ve a su maestro y no puede hablar, pero sabe que está ahí, que lo observa.

Aunque no hay una comunicación verbal, se sobreentiende la alegría del niño cuando ve a su maestra.

“Eso es lo que hace diferente a esta escuela porque vemos el aspecto humano, es decir, sabemos que la educación es importante, pero en el hospital vemos que hay niños que están en control o que permanecen en cama los diferentes pisos”, comentó la también docente.

Para esta comunidad educativa integrada por maestros, estudiantes y sus madres, cumplir con las diferentes etapas que conlleva el año escolar es un reto que cada año tienen que superar.

El centro educativo cuenta con 11 docentes, los cuales imparten: educación especial, musical, inglés, sociales, y educación básica que comprende Primero, Segundo y Tercer Ciclo.

Las edades de los alumnos van desde los cuatro años, algunos inscritos en parvularia, y los mayorcitos que pueden continuar hasta noveno Grado. En total la población es de 75.

Algunos estudiantes, y pacientitos a la vez deben permanecer siempre en el Bloom porque muchas veces están medicados —como ocurre con los que tienen problemas renales—.

¿Su condición limita su aprendizaje?

Según la directora Rosales, hacen lo posible para que los niños se sientan motivados a querer seguir aprendiendo.

“Sé de niños que a pesar que están cumpliéndoles su medicamento, de nefrología por ejemplo, están animosos porque el hecho que el docente llegue a verlos cuando están en el proceso que es doloroso, y desgastante físicamente, el niño cambia de chip cuando piensa ´Ahí viene mi clase, viene mi explicación´ al ver a la maestra”, dice.

Pequeños regalos, de vez en cuando, ayudan a fortalecer ese vínculo entre alumno y maestro.

“El niño por su momento de dificultad, debido a su enfermedad, cambia a un estado diferente con la visita del docente; hay que recordar que para aprender hay diferentes formas: viendo, escuchando, haciendo preguntas”, explica Rosales respecto a las metodologías de enseñanza.

Cabe mencionar que, en algunas ocasiones, hay niños que ni siquiera pueden tomar apuntes o hacer dinámicas porque tienen agujas en sus manos o brazos cuando reciben sus terapias.

Al momento de las evaluaciones, el docente puede hacer uso de las metodologías que son válidas según los lineamientos del Ministerio de Educación (Mined). Cada uno la aplica según la necesidad del alumno.

“Hablamos que los docentes van a nefrología, cirugía plástica, oncología, ortopedia, oftalmología que son los diferentes niveles que tiene el hospital, sabemos que en ese momento el maestro debe llevar las herramientas necesarias para dar la atención; las pruebas y el programa se adecuan según la condición del estudiante. Si no puede colorear o escribir recibe su prueba de forma oral y no hay ningún problema porque es válido en base al manual de evaluaciones que maneja el Mined”, dijo Rosales.

Estudiantes-pacientes transitorios y permanentes

Hay estudiantes que tienen categoría de permanentes, es decir, los que reciben clases en un aula especial donde hay niños de Primero y Segundo Ciclo; incluyen también los están en las áreas donde son atendidos los que tienen cáncer, deficiencia renal, problemas de cirugía, hematología.

Y están los que tienen condición de transitorio, que son los niños que no requieren ingreso, pero sí tratamiento o que ya se recuperaron pero que su control continúa en el hospital.

Muchas veces ocurre que son dados de alta, pero después de seis meses o un año tienen que regresar para nuevos chequeos, hay maestros que a estos casos les dan seguimiento.

En el aspecto psicológico, Héctor Calderón, profesor de musicoterapia, explica que han tenido apoyo de las universidades para que durante el año brinden atención a los estudiantes-pacientes y sus madres.

“Todos los años mandan un contingente de psicólogos que ayudan a muchos niños en diferentes áreas, ellos se sientan tanto con los niños como con los padres. Hacen su propio estudio respetando el diagnóstico que hacen los médicos del hospital”, relata el docente.

En promedio, cada año el centro médico es visitado por al menos 15 estudiantes universitarios que están en última etapa de la carrera de psicología.

“Ellos ven el tipo de conducta, para cada niño hacen un cuadro, luego dan recomendaciones tanto para el niño como para la mamá”, dice Calderón.

Rosa Ivonne Mejía Rosales es la directora del centro educativo especial.

Limitantes y proyectos

Una de las principales limitantes del centro educativo es la falta de espacio, ya que, aunque conscientes de que se trata de un hospital, consideran que sería bueno contar con más espacio.

Actualmente hay dos habitaciones que funcionan como aulas especiales, la proyección es tener de tres a cuatro salones aunque no con la categoría de especiales, pero por lo menos que permitan la enseñanza a niños con dificultades serias de salud.

De esa manera, un tiempo permanecerían encamados y otro tiempo (según el aval del médico) se incorpora a sus clases.

La directora de la escuelita explica que el apoyo de las madres de familia ha sido importante, sobre todo cuando de preparar los alimentos de los niños se trata, por lo menos en los que casos que no tienen régimen de dieta recomendada por algún especialista.

Actualmente, la Agencia de los Estados Unidos de para el Desarrollo Internacional (USAID) brinda capacitación a los docentes de ese centro de estudios en materia de aprendizaje en cuanto a metodología.

El proyecto tiene como fin evitar la deserción escolar; para conseguir ese objetivo, los docentes son capacitados en tres componentes: autocontrol, diferencias múltiples y consejería de carrera para desarrollar a plenitud el tema educativo y psicológico, y para elevar el autoestima del estudiante.

 

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