Cuba

Dormir a la intemperie: la única alternativa de los cubanos ante los apagones y el calor extremo

El colapso de la red eléctrica nacional y las elevadas temperaturas obligan a miles de ciudadanos a dormir en calles y azoteas, en una crisis que amenaza con agravarse ante un fenómeno de El Niño históricamente intenso.

Cubanos durmiendo a la intemperie
Foto EST/Imagen generada con IA

Las calles, portales, azoteas y malecones de Cuba se han transformado en dormitorios improvisados al aire libre durante las noches. Lo que comenzó como una medida desesperada y esporádica en algunas localidades se ha convertido en un fenómeno sistémico y visible en todo el territorio nacional. Miles de ciudadanos eligen pernoctar a la intemperie debido a la imposibilidad de conciliar el sueño dentro de sus hogares, asediados por un calor sofocante y desprovistos de electricidad para encender un ventilador.

Cuba posee un clima tropical caracterizado por temperaturas elevadas y estables. La media anual ronda los 25 grados Celsius, pero durante los meses de verano las máximas diurnas superan con frecuencia los 34 grados Celsius, acompañadas de una humedad relativa que eleva la sensación térmica por encima de los 40 grados Celsius. Incluso durante las noches, las temperaturas raramente descienden de los 26 grados Celsius. En un entorno constructivo residencial deteriorado y con escasa ventilación natural, la falta de refrigeración artificial vuelve las viviendas inhabitables durante las horas nocturnas.

La causa directa de esta exposición masiva es la profunda crisis energética que sufre la isla. El Sistema Electroenergético Nacional (SEN) experimenta un estado crítico y obsoleto tras décadas de desinversión estructural. Más del 40% de la matriz de generación depende de centrales termoeléctricas envejecidas que sufren averías recurrentes. 

Actualmente, la mitad de las unidades térmicas principales se encuentran fuera de servicio. A esto se suma el desabastecimiento crónico de combustible —diésel y fueloil— debido a la insolvencia financiera del Estado, la pérdida de suministros subsidiados de aliados estratégicos y el endurecimiento de las restricciones comerciales impuestas por el Gobierno de Estados Unidos.

Como consecuencia, la Unión Eléctrica (UNE) reporta déficits crónicos que dejan sin electricidad simultáneamente hasta al 69% del país, traduciéndose en apagones diarios que superan las 20 horas continuas en las provincias de la isla.

Frente a este escenario, la respuesta del gobierno cubano ha sido limitada por la falta de capital. Las autoridades centran sus esfuerzos en mantenimientos de emergencia de las plantas y en gestionar donaciones humanitarias de combustible mediante organismos internacionales, además de paralizar sectores de la economía estatal para desviar energía al consumo residencial. Sin embargo, el propio ministerio del ramo reconoce que la situación es "extremadamente tensa" y que las soluciones estructurales requerirían inversiones de miles de millones de dólares inalcanzables a corto plazo.

La preocupación comunitaria y de los expertos de salud pública se proyecta hacia los próximos meses. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) confirmó que un fenómeno de El Niño de intensidad histórica se está fortaleciendo en el Pacífico tropical, con un 81% de probabilidades de alcanzar su fase cumbre hacia finales de 2026. Científicos de la NOAA advierten que este evento elevará aún más las temperaturas globales, prolongando el estrés térmico en el Caribe.

Para la población cubana, un fortalecimiento de El Niño implica que el periodo de calor extremo se extenderá e intensificará durante el invierno. Ante la falta de una pronta recuperación energética, se espera que el número de personas obligadas a dormir a la intemperie aumente significativamente, exponiéndolas de forma prolongada a vectores de enfermedades, inseguridad ciudadana y un severo desgaste físico y mental.

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